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domingo, 6 de mayo de 2012

Pancho Campo, ex MW, deja el vino


La noticia caía a través de la red social Twitter en la tarde del 3 de mayo. Miembros del Institute of Masters of Wine (IMW) como Tim Atkin y Jeannie Cho Lee 'tuiteaban' a sus miles de seguidores el brevísimo anuncio, dos líneas y media, que la directora de esa institución, Siobhan Turner, acababa de colgar en su página web: "En vista de la renuncia de Pancho Campo como miembro del IMW, la investigación sobre sus supuestas infracciones del Código de Conducta del Instituto ha terminado".
El periodista que más de cerca persiguió esas infracciones, el británico Jim Budd, añadía que según el IMW Campo se va a dedicar a organizar eventos "musicales y deportivos", y que el informe del IMW, que ahora no verá la luz, proponía su suspensión o expulsión.

Terminaba así una breve, sonora y muy polémica carrera como figura mundial del vino. Una carrera avalada ("Pancho Campo MW") por su pertenencia a ese instituto creado en su día por el otrora boyante sector comercial del vino en Gran Bretaña para asegurar la competencia de los comerciantes y cuyos duros exámenes ningún candidato español había sobrepasado anteriormente.

Campo, ex tenista de origen chileno, era un hombre sin pasado en el mundo del vino, ni como catador ni como profesional, cuando regresó a España procedente de Dubai, adonde había marchado para montar una escuela de tenis y había iniciado una carrera de organizador de eventos musicales. Pronto empezó a organizar llamativos y ampliamente publicitados simposios dedicados al vino y el cambio climático, en los que desde el inicio participaban destacados miembros del IMW. Fundó un programa de promoción internacional del vino español, Spanish Wine Education, que le valió otro socio importante: el ICEX.

La biografía oficial de Campo en el sitio de internet de su empresa, The Wine Academy of Spain, informa de cómo adquirió sus conocimientos: "Realizó cursos de enología, viticultura y marketing en la Universidad de California-Davis (Estados Unidos) entre 2005 y 2007". Y en 2008 aprobaba los exámenes de acceso al IMW que otros candidatos españoles, destacados profesionales como Joaquín Gálvez o Sergi Ferrer-Salat no han superado. (Pedro Ballesteros lo logró más recientemente).

La polémica rodeó a Campo desde el inicio. En su primer gran evento sobre cambio climático, en Barcelona, criticó duramente a las bodegas españolas por no haberse inscrito, denunciando su indiferencia medioambiental. Pronto salía a la luz que el ex tenista aparecía en la página de la Interpol en internet por estar en busca y captura: un juicio por supuesta estafa a su ex socia en la organización de conciertos en Dubai. Esa polémica le obligaba a ceder al ex sumiller neoyorquino Kevin Zraly la presidencia oficial del siguiente gran evento a su cargo: Wine Future Rioja, con Robert Parker de invitado de honor.

Su relación con Parker se intensificó desde entonces, y el crítico norteamericano confió a Campo la organización de todos los detalles de las visitas de su nuevo colaborador dedicado a los vinos de España, Jay Miller. Miller ya venía precedido de una aureola de controversia por la generosidad con que entró en acción otorgando notas perfectas de 100 puntos a vinos españoles y por el asunto del Sierra Carche 2005, un vino jumillano que cubrió de elogios pero del que unas partidas muy mediocres invadieron las tiendas norteamericanas.

Pero la mayor polémica, la que ha acabado con las carreras de Miller y de Campo, surgía el otoño pasado al ir saliendo a la superficie una serie de e-mails, relacionados tanto con los vinos de Murcia como con los de Madrid, en los que se acreditaba que Campo pedía importantes sumas de dinero a las bodegas o sus consejos reguladores antes de organizar sus visitas. Oficialmente el norteamericano solamente cobraba por unas clases magistrales a título personal, no de crítico de 'The Wine Advocate', pero como las catas para esta publicación y las clases coincidían, cundió la impresión de que las unas condicionaban las otras.

Tras anunciar la dimisión de Miller, Parker encargó su propia investigación a una conocida agencia de detectives. Sus resultados exoneraban a Miller de cualquier sospecha de delito penal, pero no aclaraban todos los reparos de orden ético a la actuación de ambos personajes.

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